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Mi papá

Dr. Alberto E. Azcona

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Quienes somos

Alberto E. Azcona:
Jurista, historiador, ensayista y escritor de reconocida trayectoria. Nació en Pehuajó, Provincia de Buenos Aires, República Argentina Trabajó como abogado y ejerció la magistratura, escribiendo sobre temas de su especialidad. Cumplida esa etapa, se entregó a estudios históricos y fuente primaria de historia, al análisis de juicios criminales famosos, luego de presenciar en Estados Unidos y Europa la sustanciación de diversos procesos. Inclinado al estudio de la jurisprudencia y al sistema del juicio por jurados, trata de hacer conocer algunos detalles en esa materia.

María Cristina Azcona de Castellano:
Psicopedagoga, Orientadora Familiar y escritora. Nació en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Se dedica a la atención de conflictos vinculares en su consultorio. Sus poemas y novelas son de contenido social.

Objetivos

Difundir sus obras en el ámbito de la cultura, y promover el intercambio de Conocimientos y problemáticas globales en el marco de la investigación socio-histórica y literaria, con aquellas personas interesadas en estas cuestiones.

Aportar criterios renovadores en el estilo, contenido y enfoque en cada uno de los temas considerados, en el contexto y encrucijada de los tiempos del Tercer Milenio. El desarrollo de la Internet crea un espacio virtual con un impacto equiparable a la invención de la imprenta, sin olvidar que las identidades nacionales se enriquecen, lejos De diluirse, en la era de la globalización.

En la redacción de sus trabajos, los autores mantienen como finalidad esencial, la conjunción de la excelencia artística de estilo y la profundidad en la investigación temática, a partir de un punto de vista de crítica ético-social

libros

Casos Criminales I
CASOS CRIMINALES I
Editorial Argenta.-Bs. As. 1999
Autor: Alberto E. Azcona

Guerra en las Pampas

GUERRA EN LAS PAMPAS
Editorial El Corregidor.- Bs. As. 1994
Autor: Alberto E. Azcona
"Guerra en las Pampas", 175 pgs,, 6 Capítulos. I (desde la primera fundación de Buenos Aires hasta nuestra Emancipación; II (1810 a 1832); III (época de Rosas); IV (después de Caseros); V (década del 1870 y campaña de Adolfo Alsina); VI (últimos malones y campaña del General Julio Argentino Roca). Los grandes caciques, como el gran Calfucurá, Coliqueo, Painé y el legendario Pincén, desfilan por estas páginas, frente a los guerreros "cristianos" como Pinazo, Zizur, Villegas, entre muchos otros. "el Gaucho Molina" o el coronel Baigorria, que se refugiaron, como Martín Fierro, en las tolderías de los indios. Se ofrece para lectura electrónica
 "Capítulo I".

GUERRA EN LAS PAMPAS

por Alberto E. Azcona

- I -

1.- Desde la llegada de los españoles al territorio bonaerense en el año 1536 y sus encuentros sangrientos con los indios, principalmente querandíes, que los obligaron a evacuar el primer establecimiento en Buenos Aires, puede considerarse que comienza la lucha con los indios y la épica Conquista del Desierto, proseguida por los españoles y luego los gobiernos patrios durante más de tres siglos.-

Producida la segunda fundación de Buenos Aires por el vizcaino Don Juan de Garay en 158O, comienza la preocupación de los adelantados y gobernadores de España en esas tierras, por la inmensa llanura que la rodeaba en gran parte y a la que se dió luego el nombre de "Pampas del Sud" (1).-

A este vocablo "pampa " se le atribuye origen aymará o quichua, pero los autores coinciden con respecto a su significado: campo raso , llanura o planicie. Por extensión, se denominó "pampas" a los indios que allí habitaban.-

Don Juan de Garay comenzó a manejar la cuestión de los indios que tenía a las puertas de la incipiente ciudad. Repartió tierras y chacras a sus gentes venidas del Paraguay, y "encomendó" a muchos indios; es decir que los dió como elementos de trabajo junto con las tierras que asignó a sus compañeros, o los fijó en reducciones. El insigne vasco tuvo que expedicionar hacia el Sur, bordeando la costa hasta cerca de la actual ciudad de Mar del Plata, para reconocer el terreno y escarmentar a algunos indios fugados de las encomiendas.-

Para esa poca era conocido ya en la zona el cacique Bagual, que fue reducido con su tribu al norte de Buenos Aires, donde habitaban los querandíes (gente de los palmerales). Era pariente de Condié, que fue derrotado por los españoles en fiero combate a orillas de un río que desde entonces se llamó de las Matanzas.-

El cacique Bagual dejó su nombre en el idioma castellano como sinónimo del indio indómito, expresión que se extendió a los caballos no domados. La reducción no era para él, y escapó. Los españoles montaron una expedición punitiva, capturando a Bagual, que fue confinado y en un nuevo intento de fuga resultó muerto. La tribu de su yerno Tubachiminí, reducida en la zona de Magdalena, trató varias veces de sublevarse, en ocasiones con la ayuda de indios que plantaban sus tolderías más allá del río Salado.-

Uno de estos indios era el cacique Mayupulquiya, cuya captura por los españoles agitó a poblaciones indígenas que moraban en el Casuhatí (Sierra de la Ventana) y en otros puntos al interior de las pampas. Su tribu tenía vinculaciones y lazos de sangre con los araucanos, oriundos de un lugar al otro lado de la Cordillera de los Andes, en el sur de Chile (2).-

2.- Al llegar el año 16OO se estableció la Guardia de Morón, y fueron Morón y el paraje del Arbol Solo sobre el río Luján, los primeros hitos del derrotero hacia el interior de las pampas, que en el año 16O4 transitó con sus tropas Don Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), buscando la legendaria "Ciudad de los Césares". Alucinado por el oro y la aventura, el conquistador colonial penetró rumbo sud-oeste en las profundidades ignotas del desierto, y llegó hasta el río Colorado, pero tuvo que emprender el regreso sin encontrar la ciudad de leyenda.-

Para 163O se estableció un puesto militar en Luján, sobre el río que lleva este nombre, en ese "Pago del Arbol Solo", donde un vado que tenía el nombre de "Paso de las Carretas" era utilizado por dichos vehículos para tomar el camino del Norte.-

En una carreta que seguía por esos rumbos la carrera del Norte en dirección a Sumampa, conduciendo una imagen de la Virgen María por encargo de un devoto santiagueño, se produjo un hecho que, con la dimensión de milagro, se propagaría por las pampas del Oeste a medida que avanzaba la frontera.-

En un lugar cercano al paraje del árbol solitario, hizo noche el carrero; pero al alba, cuando se dispuso a proseguir el viaje, le fue imposible mover los bueyes, que aún picaneados no podían o no querían tirar de la carreta. Agregadas otras yuntas, lo mismo; hasta que bajaron la imagen de la Virgen. Y sólo entonces los bueyes echaron a andar. La Virgen quería que su imagen quedara en esa zona. Así lo interpretaron los pobladores y desde entonces fue venerada en el pago del Arbol Solo la Virgen de Luján (3).-

Y fue precisamente un lujanero, Don Domingo de Izarra, descendiente de un compañero de Garay que en su apellido llevaba la buena estrella -en idioma vasco "izarra" significa estrella- quien se aventuró en la inmensidad de las Pampas y por esa poca llegó a las Salinas Grandes, en base a noticias que obtuvo de los indios.-

Izarra, que no tenía 3O años de edad cuando llegó a las salinas, era un "accionero", que se dedicaba a "vaquear" animales alzados o cimarrones; un faenero de corambre, baqueano y conocedor de las aguadas y lugares donde obtener leña. Sabía tratar con los indios y sólo pudo llegar al corazón del desierto con su ayuda y protección. La hazaña de ese joven aventurero tendría vastas consecuencias, porque esos lejanos yacimientos de sal resultarían tan valiosos para los pobladores de Buenos Aires como la plata y el oro que buscara sin éxito, por esos rumbos del Sudoeste, don Hernando Arias de Saavedra (4).-

Esta avidez por la sal se explicaba no sólo por las necesidades del consumo alimenticio, que eran importantes, sobre todo en una época en que los alimentos debían conservarse por largo tiempo; sabido es que la sal desde tiempos remotos tenía el prestigio de sus virtudes alimentarias y aún medicinales, al extremo de que los romanos pagaban a sus soldados con panes de sal ("salarium") y de allí la palabra salario. Otra razón pesaba, además, para convertir al aprovisionamiento de grandes cantidades de sal en un asunto de interés público: sus propiedades para curar los cueros.-

Las pocas cabezas de ganado tanto equino como vacuno, abandonadas en Buenos Aires, al embarcar los españoles en sus carabelas luego de la frustrada fundación primera, se habían esparcido por las pampas, reproduciéndose en forma asombrosa. Las enormes distancias y la falta de medios apropiados, en los primeros tiempos, para destinar a otros fines esa riqueza mostrenca, hicieron que se concentrara la atención de los pobladores en la explotación de sus cueros. Por supuesto que era un gran desperdicio, pero permitía lucrar al corto plazo, cierto es que a costa de muchos peligros, porque tenían los "accioneros" que internarse en las pampas, expuestos a morir de sed o lanceados por los indios. Se precisaba mucho coraje para ser faenero de corambre.-

Coraje le sobraba a los españoles que vinieron a estas tierras y el afán de lucro no les era ajeno. Bernal Daz del Castillo, uno de los soldados que acompañó a Hernán Cortés en su prodigiosa conquista de la Nueva España, lo expuso con toda ingenuidad: ellos venían en nombre de España, por la Cruz y el Rey, pero en busca de tierras y riquezas. Domingo de Izarra era de esa estirpe.-

3.- No muy lejos de Luján, que era el puesto de avanzada en la frontera Oeste, habitaba en el año 1663 a orillas del río Salado el cacique Cacapol, pariente de los caciques Mayupulquiya y Tolmichiya.-

Para esta época ya los araucanos se haban internado hasta las Salinas Grandes, sabiéndose que traficaban con la sal que allí se obtenía. Ellos provenían del Arauco y se habían extendido, puesto que eran nómades, al naciente de la Cordillera de los Andes; y se habían impuesto, por su temple guerrero, a todos los indios que primitivamente habitaban en las pampas hasta la costa sur del río Salado. Su idioma, el araucano, predominó en el habla del desierto y en sus topónimos, tan precisos y ajustados a la naturaleza del terreno, que han perdurado a través de los siglos.-

Conocieron el caballo al tomar contacto con las manadas cimarronas que provenían de los equinos abandonados al frustrase la primera fundación de Buenos Aires por Don Pedro de Mendoza en el año 1536. En el ámbito propicio de la pampa salpicada por cañadas y lagunas, se reprodujeron libremente esos animales, hasta entonces desconocidos en estas partes de América.-

Así llegaron a transformarse en nómades montados, temibles con su armamento de lanza y bola. Esta bola de piedra, llevaba una muesca, que permitía sujetarla con un tiento, generalmente enrollado en la cintura. En sus combates con los españoles, revoleaban la "bola perdida", que lanzaban con gran puntería sobre el enemigo, pudiendo voltear o matar un hombre a considerable distancia. Si la lucha era cuerpo a cuerpo, sujetaban corto el tiento y la usaban a la manera de una maza, que podía destrozar la cabeza del contrario.-

En las luchas por la conquista del Oeste norteamericano, existe cierto paralelismo histórico con la conquista del desierto en las pampas de la Argentina. En los Estados Unidos las tribus más avanzadas en la zona que hoy forman Nueva México y Arizona, eran las de los indios "Pueblo", que residían en viviendas permanentes, excavadas en las paredes de las mesetas o en el desierto. Estos fueron convertidos por los misioneros españoles y eran pacíficos. Sus mayores enemigos eran los "Navajos", y los "Apaches", nómades y belicosos, que vivían de la caza.-

Los indios de la llanura norteamericana aprendieron a utilizar los caballos dejados por los españoles, que se multiplicaron, al punto que alrededor de 1684, no quedaban apaches de a pie. Antes que finalizara el siglo XVIII los indios de la llanura eran consumados jinetes. Así siguieron a las manadas de búfalos en las distintas estaciones. Su armamento principal consistía en el arco y las flechas, que también disparaban de a caballo con suma maestría.-

4.- Alrededor del año 1725 los españoles toman contacto con el cacique Calelián, cuyos lanceros llegaban también hasta el río Salado, desde la región de las sierras bonaerenses. Se decía amigo de los cristianos, al igual que Cacapol. Sin embargo este último participó en malones por las fronteras de Arrecifes y Areco. El maestre de campo Don Juan de San Martín salió a combatirlo, pero al encontrar solamente los toldos de Calelián pasó a degüello al anciano cacique, matando a todos sus indios.-

El hijo de Calelián, llamado Calelián el Joven, lanza el grito de guerra y aliado con los picunches, para vengar a su padre, ataca con un malón la villa de Luján. Entonces Cangapol, llamado El Bravo, sabiendo que su difunto padre Cacapol, a quien había sucedido en el cacicazgo, era el verdadero culpable de los malones que provocaron la expedición punitiva del maestre de campo, se ofreció como parlamentario y arregló la paz de los españoles con Calelián el Joven.-

Los oficios del cacique Bravo como parlamentario no duraron mucho, pues no le faltaron agravios o necesidades para malonear, ya que el maestre de campo Don Juan de San Martin salió de nuevo con sus tropas para tranquilizar a los pobladores de la frontera, y en el año 1737 batió a los indios de su primo Tolmichiya.-

El cacique Bravo se unió a los huiliches, pehuenches y otras tribus, convocándoles a vengarse de injusticias cometidas por los españoles contra los indios. En setiembre de 174O lanzó un malón sobre Arrecifes, y otro sobre Luján, matando alrededor de 8OO vecinos.-

Desde Buenos Aires salió a reprimirlo el maestre de campo Don Juan de San Martín, con 8OO hombres de tropa. Pese a ello se lanzó en noviembre sobre las estancias junto al arroyo de la Matanza, pero los pobladores pudieron rechazarlo. Se volvió, entonces, sobre el pago de la Magdalena, matando un centenar de pobladores. Luego atacó la misión de Nuestra Señora de la Concepción, establecida en el año 174O por los padres jesuitas en la desembocadura del río Salado, pero tuvo que retirarse, porque las tropas allí destacadas lo recibieron a cañonazos.-

Los españoles lanzaron una expedición punitiva al mando de Cristóbal Cabral, que apresó al cacique Mayupulqui, expulsando a la tribu de su asentamiento. Grandes malones contra los cristianos fueron la respuesta de los indios, entre cuyos jefes estaba un hijo del prisionero, el cacique Lorenzo Calfilqui, llamado Calpisqui.-

Con la anuencia al principio del cacique Bravo, los jesuitas se establecieron el 18 de noviembre de 1746, muy al exterior de la frontera, con una segunda reducción, Nuestra Señora del Pilar, cerca de lo que es hoy Mar del Plata, en las inmediaciones del abra del Vulcán y de una gran laguna que desde entonces se llamó de los Padres. La misión estaba a cargo de los padres Joseph Cardiel y Tomás Falkner y posteriormente de este último y el Padre Matías Strobel, que vinieron desde la misión de la Concepción, que estaba hacia el Norte.-

Los jesuitas del Pilar emprendieron con su reconocida capacidad la obra misional entre los indios de la zona, que pronto comenzaron a visitar la misión, especialmente atraídos por los regalos y víveres que allí se les daban. Algunos se retiraban tan pronto los víveres de la misión comenzaban a escasear, pero con ciertos indígenas los padres hicieron una gran amistad. Tenían dificultades de aprovisionamiento, pues estaban a unas ochenta leguas de Buenos Aires y las comunicaciones quedaban interrumpidas con los grandes desbordes del río Salado. Para su defensa, sólo contaban con unos 15 soldados y un cabo, provistos por el Cabildo.-

Entre sus neófitos haba indios tehuelches, y esto dio que pensar al aterrante vecino que los padres tenían en lo que se llamó después el cabo Corrientes de Mar del Plata. Su nombre era conocido y temido en cien leguas a la redonda. Sus crímenes, robos, depredaciones y toma de cautivas llenaban de espanto a los españoles, desde las puertas de Buenos Aires. Era el ya citado cacique Cangapol, llamado Bravo, que no olvidaba lo que había sucedido a sus parientes Calelián, Mayupulquiya y Tolmichiya.-

De índole feroz y vengativa, pero valiente, osado y astuto, Bravo tenía una espléndida estampa de varón. Su mirada era dominante, su gesto altivo. Tomó como un desafío a su poder indio, que los jesuitas comenzaran a nuclear otros indios en la zona del Vulcán; y se formó el propósito de expulsarlos, comenzando por crearles una quinta columna: los tehuelches de la misión.-

Es que los padres, a unas cuatro leguas al sur de Nuestra Señora del Pilar, habían establecido en el año 1749 una tercera reducción, para los tehuelches, que se llamó Nuestra Señora de los Desamparados.-

Mientras duraban los racionamientos que se les daba en las reducciones, Bravo se mostraba amistoso, aceptaba los regalos y escuchaba los pedidos de que defendiera la zona contra los ataques de Calelián el Joven. Sin embargo, no le gustaba tener que combatir con otros indios por orden de los huincas y, cuando se terminaron las vacas y la yerba que podían darle los misioneros, haciendo honor a su apodo, se puso bravo.-

Comenzó una guerra de zapa en la reducción, recordando a los indios reducidos la mortandad de sus hermanos que hicieran en los últimos años los cristianos. De esta manera consiguió que la mayoría de los nuevos conversos desapareciera de la misión. Disminuida la feligresa indígena que tenían los padres y en la misma proporción aumentada su cantidad de hombres de lanza, Bravo lanzó el anatema sobre la reducción de Nuestra Señora del Pilar.-

Sus ataques fueron penosamente rechazados, pero la alarma cundió entre los indios reducidos que aún quedaban, y ellos trataron de alejarse de las temidas lanzas de Bravo. La situación de los misioneros se hizo tan crítica que debieron abandonar la misión de Nuestra Señora de los Desamparados, mientras que los padres de la reducción del Pilar emprendieron en secreto la huida hacia la reducción de Nuestra Señora de la Concepción, que se hallaba como hemos dicho, más cerca de la frontera, a orillas del río Salado.-

En el mes de setiembre de 175O el cacique Bravo arrasó y saqueó lo que aún quedaba de la misión del Pilar. Entonces los padres de la Concepción, entre ellos los fugitivos del Pilar, pidieron ayuda al gobernador; pero este destacó en esa zona al maestre de campo Mendinueta, que atacó con una fuerza de 15O soldados, a los propios indios reducidos en la Concepción, dándoles muerte, incluso al cacique José Yahatti, que se había refugiado en la iglesia. Con esta actitud, los españoles le hicieron el juego a Bravo, que había jurado exterminar a Yahatti, pues no le perdonaba que en lugar de someterse a su mando se hubiera hecho tan amigo de los "huincas".-

Los indios de la tribu de Yahatti clamaban venganza y vinieron a atacar la misión de la Concepción al mando de Felipe Yahatti, hermano del muerto. Los 12 soldados y otros hombres resistieron tenazmente, con la ventaja de sus armas de fuego. Los vengadores debieron retirarse, no sin antes robar unas 6OOO vacas de la Misión, que arrearon hacia las sierras.-

Marchaban estos indios con el botín rumbo a sus tolderías, cuando se les cruzó en el camino un feroz enemigo, el cacique Bravo, que los masacró y les robó el arreo de vacas robadas. Felipe Yahatti, que había venido a vengarse de los españoles, cayó víctima a su vez de una venganza india, pues Bravo lo sometió al suplicio de la muerte lenta.-

En la misión de la Concepción quedaban algunos padres, una docena de soldados y algunos indios. Este pequeño grupo pudo rechazar el primer ataque del cacique Bravo, pero el 13 de febrero de 1751 éste cayó sobre la misión y se llevó haciendas y cautivas. Los padres consiguieron escapar con algunas familias. El cacique Bravo dueño ahora de las pampas, lanzó terribles malones sobre la Magdalena y El Salto (5).-

5.- En ese año de 1751 el gobernador Andonaegui crea compañías regulares de milicias de caballería, que se designan vulgarmente con el nombre de "Blandengues", porque al pasar revista en la Plaza de la Victoria, blandieron en señal de saludo las lanzas de que estaban armados.-

Los blandengues formaban tres compañías, que constituyeron las primeras unidades militares con la misión de defender la frontera, custodiar el tránsito de carretas y vigilar la campaña en general: "La Conquistadora" o "Atrevida" en el Fuerte Zanjón, "La Invencible" en Fuerte Salto y "La Valerosa", que al mando del Capitán José de Zárate, se estableció el 25 de junio de 1752 en el Fuerte de San José de la Frontera, llamado desde 1767 Guardia de Luján (actualmente Mercedes), a unas siete leguas del Santuario, precisamente para contener los malones que amenazaban a Luján.-

A medida que diversas expediciones van reconociendo la zona del Oeste Bonaerense y algunos pobladores se establecen más allá del Salado, prosigue el avance de la línea de defensa, que pasaba por Magdalena, la Guardia de Luján (hoy Mercedes), Salto y Pergamino; con fortines en San Nicolás, San Antonio de Areco, Luján y Merlo (6).-

La capital de la frontera Oeste, era para entonces Luján, punto de partida de las expediciones que se internaban en la inmensidad del desierto. A propuesta del gobernador Don José de Andonaegui, el rey había concedido el 3O de Mayo de 1759 el título de Villa a esa población, y en el año 1763 se concluyó el Santuario de Nuestra Señora de Luján, cuya construcción fuera comenzada por Don Juan de Lezica y Torrezuri.-

Los indios fronterizos se acercaban hasta allí para traficar y en lo posible rapiñar; trocando sus mercancías pampas, plumas, pieles, ponchos y sal, por el aguardiente, tabaco, yerba y algunos enseres para sus chinas.-

Domingo Izarra, "El Lujanero", haba transitado en el siglo anterior, el camino que los indios conocían de memoria. Era inútil internarse en las pampas, si en la planicie solitaria y dilatada no se tenía seguridad de encontrar, al cabo de una jornada de varias leguas, agua para los viajeros y sus caballos, bueyes y vacas o potrancas para consumo; pero desde mucho tiempo antes los indios con sus idas y venidas desde el desierto, habían dejado en la planicie señales de su paso, formando una "rastrillada", que los hombres de frontera comenzaron a frecuentar para aventurarse más allá del Salado, hasta la laguna Palantelén (en lo que hoy es el partido de Alberti).-

Esos hombres de frontera corrían grandes riesgos una vez que trasponían el río Salado, que era para los indios la valla que los cristianos no debían trasponer, sin su permiso, que no concedían sino a partidas aisladas de vaqueadores y por un precio en moneda de trueque: con preferencia potrancas -su comida predilecta-o aguardiente. En tales condiciones, Buenos Aires estaba prácticamente cercada detrás del río Salado.-

6.- El maestre de campo Don Juan de San Martín, pertenecía a la estirpe de los conquistadores y procedió con mano de hierro, para romper el cerco sobre Buenos Aires, estrechada casi hasta sus chacras por miles de indios amenazantes. Con milicias de caballería formadas por voluntarios de la campaña, se internó con rapidez en el desierto y golpeó a los indios en sus tolderías, sin detenerse a examinar su grado de participación en los malones; para él, todos eran indios y por lo tanto peligrosos.-

Un joven cabo de sus milicias, criollo nacido en Buenos Aires, Manuel del Pinazo, adquirió una gran experiencia en las luchas del desierto y mayor comprensión sobre las modalidades de las diferentes tribus indígenas, sus jefes, sus relaciones y actitudes hacia el "cristiano", como dieron en llamar a los españoles y sus descendientes criollos; pero continuó con la política de los "duros", como su maestro, el Maestre.-

Llegó Don Manuel del Pinazo, por su indiscutible capacidad, a revistar en el grado de Sargento Mayor y fue designado Maestre de Campo y Jefe de los Blandengues. En el año 177O efectuó una expedición que cruzó el Salado, pasó por Cruz de Guerra, Sierra de la Ventana y llegó hasta el sur del río Colorado, dispersando varias tolderías. A su pedido, se crearon fortines en las guardias de Chascomús, Monte, Rojas, Ranchos, Navarro, Lobos, y lo que hoy es Carmen de Areco.-

Convocó a varios caciques aucas, pampas y ranqueles para concertar unas "paces" en la laguna de Los Huesos (hoy partido de General Viamonte), cerca de la Palantelén, donde había fuerzas acampadas, por tratarse de una etapa en el camino a Salinas Grandes. El pacto fue celebrado entre otros, con los caciques Epullanca, que moraba en el extremo sudoeste de la Provincia de Buenos Aires; y Lincón, que levantaba sus toldos al sur de la laguna Blanca Grande (hoy partido de Olavarría).-

Mientras el cacique Lincón estaba ocupado en los mencionados parlamentos de paz, sus tolderías fueron atacadas por un malón que le llevó un cacique enemigo, con la velocidad y sorpresa propias de todos los malones. Entre las cautivas indias, ese cacique, evidentemente en desacuerdo con el acuerdo de Los Huesos, tomó a la mujer de Lincón: la peor de las ofensas según el código de honor indio. Lincón no podría llevar la frente bien alta, mientras no tomara venganza.-

Al poco tiempo, llegó la hora del desquite. Pinazo recibió órdenes de llevar una expedición punitiva contra los tehuelches, con la colaboración de los caciques con quienes había celebrado la paz en la laguna de los Huesos. Partió el 1º de octubre de 177O de Palantelén, y pasando cerca de las sierras del Cairú (Sierra Chica), llegó a las tolderías de Lincón, que se incorporó con sus guerreros.-

Es cierto que la mujer de Lincón había conseguido escapar de sus raptores y estaba de nuevo junto al cacique; pero con ser éste un motivo de alegría, puesto que él amaba a su esposa, preciaba el orgulloso jefe indígena, más que la vida, su honor. Faltaba la venganza. y su mujer tomó cartas en el asunto. Ella conocía el camino para llegar a los toldos donde estuvo a merced del malonero de indios, a quien deseaba también castigar por el ultraje que le haba inferido. Se ofreció entonces como baqueana de la expedición y Pinazo aceptó complacido.-

Llegaron hasta el río Colorado, pero sólo encontraron una partida de tehuelches cuando regresaban por el camino de la costa. Los atacaron y mataron más de 1OO indios. La mujer de Lincón no se dio por satisfecha, pues entre ellos no estaba el cacique Guayquitripay, su ofensor. Realizó sus averiguaciones, hasta que el método de la tortura lenta sobre uno de los tehuelches produjo sus efectos, y ella supo con precisión donde encontrar al que mancillara su honor.-

Con estos datos obtenidos por la baqueana, la fuerza expedicionaria de Pinazo cayó por sorpresa sobre los toldos de Guayquitripay. La venganza se descargó sobre los raptores el 29 de octubre de 177O; los atacaron en formación de media luna y mataron 15O indios, arrasando la toldería.-

Este acto de venganza, impresionó muy mal a los propios indios, porque los milicianos de Pinazo, que nada tenían que ver con los problemas conyugales de Lincón, tenían sus ordenes de escarmentar a los indios que no habían entrado a la paz de Los Huesos, y exterminaron sin discriminación a los tehuelches.-

Entre los indios signatarios de la paz que acompañaban a la expedición, salvo Lincón que personalmente se consideró satisfecho, cundió la inquietud. Comenzaron a mostrar síntomas de rebelión y apercibidos los milicianos, pidieron a Lincón que los sujetara. Trató el cacique de oficiar de mediador entre sus pares, pero no le escucharon, porque era justo que él se vengara de Guayquitripay -qué indio no hubiera hecho lo mismo?-; pero su venganza india se había transformado en una masacre cristiana contra familias indígenas. Lincón, de vengador justiciero se convirtió en víctima, pues el 23 de noviembre de 177O los expedicionarios, sospechando que los engañaba, lo mataron por traidor (7).-

7.- En 1778 las expediciones españolas llegaron al Rio Negro y tomaron contacto con las numerosas tribus que habitaban la dilatada zona que media entre los ríos Colorado y Negro. El virrey Vértiz trató de aprovechar las disensiones que existían entre ellos para controlar al temible cacique Negro.-

Este cacique, cuyo nombre indígena era Chanel, no obstante sus protestas de amistad cuando se encontraba con las columnas de expedicionarios españolas, tenía en sus tolderías, que cambiaba frecuentemente de ubicación, entre el Norte de la Patagonia y el Sur de la hoy Provincia de Buenos Aires, numerosas cautivas cristianas, tomadas en sus incursiones que llegaban hasta las chacras de Buenos Aires. Sus indios se pintaban la cara para la guerra con colores negro y rojo.

En estos tiempos, los españoles habían recibido en Buenos Aires el aporte de muchos soldados veteranos de la Península y el virrey Vértiz se preocupó por llevar adelante una política de conquista de las pampas en que la paz no era más que una pausa para la próxima incursión armada. En su camino, encontraron dos obstáculos que detenían y acotaban sus propósitos: los caudillos indios Chanel llamado Negro y Lorenzo Calpisqui. Estos jefes indígenas manejaban la receta pampa de paz y malón con un solo objetivo, detener el avance de la frontera cristiana y seguir viviendo de las raciones obtenidas como un derecho, cuando no los despojos arrancados a estos ricos usurpadores.-

El cacique Lorenzo Calpisqui decidió concertar una paz con los cristianos y con tal objeto envió en agosto de 1779 un lenguaraz a la Sierra de la Ventana. Llegó tarde para negociar, porque las autoridades del Virreinato, que entre paces y expediciones nunca perdieron, a su vez, la mira de conquistar el desierto, ya habían decidido efectuar una entrada de gran fuerza para exterminar a los indios.-

En noviembre de 1779 las tropas estaban aprestadas en la Cabeza de Buey y en la Blanca Grande. Tuvieron noticias los indios de estos preparativos y para contrarrestarlos desataron el 24 de noviembre de 1779 un malón sobre Chascomús. Las posiciones haban llegado a un "status quo" y en ese año la línea de frontera estaba constituída por los Fuertes Chascomús, Ranchos, Monte, Guardia de Luján, Salto, Rojas y los fortines de Lobos, Navarro y Carmen de Areco.-

El 27 de agosto de 178O, bajo el mando combinado de los caciques Negro y Calpisqui, cayó un terrible malón sobre la "Guardia de Luján" (hoy Ciudad de Mercedes). Dejaron los indios un triste reguero de 15O muertos y se llevaron muchas cautivas y haciendas hacia el fondo del desierto; sin contar la destrucción de numerosos ranchos que se nucleaban al abrigo del Fuerte, quemados o bien volteados con el anca de sus caballos. La contradanza pampa había comenzado.-

Acto seguido, enviaron emisarios proponiendo la paz; pero los cristianos no aceptaron. Entonces los caciques salieron con sus hombres de lanza desde las cercanías de Tapalquén para atacar de nuevo Chascomús. Los enfrentó Don Juan de Sardeiñ el 24 de noviembre 178O. Los indios recurrieron a unos de sus ardides de guerra preferidos: les incendiaron los campos alrededor de la tropa. Sardeiñ y sus soldados tuvieron que meterse en una laguna para no morir quemados y desde allí disparaban sus armas, en tanto que los indios, desdeñosamente, se alejaban al tranco de sus caballos (8).-

Al año siguiente, el Piloto de la Real Armada, Don Pablo Zizur, encabezó una expedición para encontrar un camino entre Buenos Aires y Carmen de Patagones, fundada por orden del Virrey Vértiz.-

Zizur era navarro, nacido en Pamploma en 1743. Vino al país en 1759 acompañando la expedición de Cevallos, y fue Alférez de Fragata y primer piloto de la Real Armada. No es de extrañar que este expedicionario de las pampas fuera un piloto naval, porque los pilotos de altura cumplían en el desierto tareas de navegantes, topógrafos y cartógrafos.-

La vida de Zizur es una muestra de aquellos azarosos tiempos. En el año 1767, durante una expedición a los mares del Sur, naufragó con sus compañeros entre el Cabo de Hornos y las Islas Malvinas. La tormenta arrojó y deshizo el barco contra un islote que sirvió de refugio a los náufragos, quienes sobrevivieron alimentándose de algunas aves australes y a fuer de buenos marinos construyeron una precaria embarcación con los restos de su navío. Alcanzaron así, acosados por el hambre y el frío glacial, la isla Soledad -en las Malvinas- donde debieron amputarle a Zizur una pierna gangrenada por el frío.-

En cumplimiento de esta misión encomendada por Vértiz, salió el piloto Zizur de la Guardia del Monte en octubre de 1781. Cruzó el río Salado, siguió luego el curso del arroyo Las Flores, para internarse después en la zona que hoy corresponde a Tapalqué y Olavarría. En las tolderias del cacique Lorenzo Calpisqui parlamentó con éste y siguió hacia el Casuhatí de los indios, es decir, la sierra de la Ventana.-

Aparecieron aquí muchos indios con sus caras pintarrajeados de rojo y negro, amenazando con sus lanzas. Era el cacique Negro, aliado de Calpisqui, que en esta ocasión, después de largos parlamentos lo dejó pasar, por una consideración: el obsequio de aguardiente, azúcar. yerba y hojas de cuchillo. Prosiguió su camino la expedición y consiguió llegar a fines de diciembre de 1781 a Carmen de Patagones (9).-

Las proposiciones de cada parte para otra paz se cruzaron en Buenos Aires el 27 de julio de 1782. En síntesis, los cristianos reconocían a los indios el derecho a potrear en los campos incultos frente a los fuertes de Chascomús, Ranchos, Monte y Guardia de Luján.-

En lo que podemos llamar frontera oeste, se les autorizaba a potrear desde la Guardia de Luján hasta la laguna Palantelén, pero no pasar desde este punto hacia el interior de la frontera, puesto que allí se abra el acceso, por la gran rastrillada, a las Salinas Grandes.-

Por su parte, los indios representados por el cacique Lorenzo Calpisqui, se obligaban a combatir contra sus enemigos los ranqueles, que el gobierno deseaba someter. El cacique Lorenzo quería que el rio Salado marcara la frontera entre indios y cristianos; mientras que éstos deseaban camino libre hasta Carmen de Patagones. En julio de 1782 el Cacique Lorenzo Calpisqui celebró el Tratado de Paz y Amistad con el gobierno de Buenos Aires. Su compromiso era evitar que otros indios maloquearan en las tierras del cristiano, y tenía derecho a cazar y potrear en los campos, dentro de los límites señalados.-

Mediante estos tratos, que se inscribían en una política de conquista, el virrey Vértiz pretendía contener a los ranqueles; mientras un gran partidario de la política ofensiva, el maestre de campo Amigorena, desde Mendoza batiría a los pehuenches del sur.-

La tranquilidad se terminó cuando Sardeiñ, durante el año 1783, intentó una nueva entrada a Salinas Grandes con unos 2OO soldados. Los indios se opusieron y hubo un combate en Bragado que estuvo lejos de constituir una victoria para los españoles.-

Comenzó entonces el virrey a preparar una gran entrada, en especial para asegurar las Salinas Grandes, pues en ese año se haban exportado un millón de cueros. Los espías de los indios les llevaron noticias de estos aprestos. Dejando de lado sus rivalidades los puelches y ranqueles se unieron, lanzando sus malones sobre la frontera.-

En marzo de 1783 atacaron Chascomús, y en agosto llevaron malones sobre la Guardia de Luján y Navarro. Después de los malones, la rama de olivo: dejarían de maloquear si los españoles dejaban sin efecto la expedición a Salinas Grandes. El cacique Negro tomó la precaución, mientras tanto, de situarse en las faldas de la Sierra de la Ventana, sospechando un ataque del virrey Loreto, no obstante el tratado de paz que junto con Lorenzo Calpisqui y otros caciques había celebrado con los españoles.-

Esos temores no eran infundados, porque en el mes de enero de 1785 tropas venidas de Carmen de Patagones al mando del piloto Juan de la Piedra y de Francisco de Viedma, acamparon al pie de la Sierra de la Ventana. Frente a un repliegue de los indios, los españoles lanzaron una columna de ataque a las tolderías; en tanto que el cacique Negro, que estaba al acecho con sus guerreros, cayó sobre el grueso de las fuerzas, que había permanecido en el campamento. Ambos jefes españoles y muchos de su tropa, murieron a manos de los pintarrajeados indígenas del cacique Negro.-

Durante esa campaña, resultaron muertos de la Piedra y el insigne navegante Villarino, quedando prisionero de los indios el alférez Don León Ortiz de Rozas. Los que no murieron o cayeron prisioneros, fueron sitiados en ese campamento por numerosos guerreros, hasta que el cacique Lorenzo Calpisqui, aliado en ese momento del cacique Negro, ofició como mediador, logrando que algo más de un centenar de expedicionarios españoles pudieran regresar a Carmen de Patagones. En cambio, Negro obtuvo la liberación de sus hermanos, presos en Buenos Aires.-

Establecido ahora en la zona serrana de la Provincia de Buenos Aires, como antes lo haba hecho el cacique Bravo, mantenía el cacique Chanel, por mal nombre llamado "Negro", estrechos contactos con los aucas y pehuenches, que lo ayudaban en caso necesario con sus hombres de pelea. Manejaba, también, el instrumento político de los pactos "pampas", que alternaba con sus ataques despiadados, asediando siempre a los españoles con sus malones o robos permanentes, incluida la toma de cautivas, que con renuencia utilizaba como moneda de canje, pues una vez en su poder, prefería mantenerlas en sus toldos.-

Celebró después nuevos tratos de paz con el virrey Loreto, pero en el año 1786 el cacique Negro cometió un error. Mató en pelea a un cacique araucano y cayó en la trama inexorable de las pacientes e implacables venganzas indias. El hijo del araucano lo atrajo a un festín en que todos se emborracharon, y en ese estado lo mató sin contemplaciones (11).-

El virrey Loreto, no obstante los contrastes sufridos, trató de continuar el impulso que el virrey Vértiz había dado a la obra de conquista de las pampas, y encomendó al maestre de campo don Manuel del Pinazo, que expedicionara para estudiar la fundación de poblaciones, incluso en las Salinas Grandes.-

La nueva expedición de Pinazo salió de la frontera de Luján el 3O de septiembre de 1786 y siguió por la Rastrillada hasta llegar a Salinas Grandes, regresando al punto de partida el 2O de noviembre del mismo año. El éxito de la expedición consistió en la inteligencia obtenida por el piloto Zizur, que actuó como topógrafo y cartógrafo, dejando un diario de viaje y planos que asombran por su exactitud, al punto que fueron utilizados por muchos años y se basó en ellos Don Sebastin de Undiano y Gastelú para confeccionar su "Carta Esférica de las Pampas de Buenos Aires".-

Durante esa incursión, Pinazo y Zizur tomaron contacto con los indios catrieleros, de origen puelche, en la zona de las Salinas Grandes, donde comerciaban con la sal. Es de imaginar que si bien los indios carecían de fuerzas suficientes para resistir expediciones bien armadas y organizadas, no veían con buenos ojos el interés de los "huincas" por los depósitos de sal cristalizada que se formaban naturalmente en las Salinas. Además de la penetración militar que estas expediciones suponían, los indios se encontraban con que uno de sus pocos artículos de tráfico que eran los ponchos, plumas y sal caería en manos del cristiano.-

Por su parte, las autoridades de Buenos Aires tenían necesidad imperiosa de obtener grandes cantidades de sal, debido a la creciente exportación de cueros, además del uso alimentario de la población también en aumento. Dejar en manos de los indios el tráfico de la sal les parecía inconveniente, pues las partidas indígenas que se acercaban a los poblados, coincidan con una ola de desaparición de vacas y caballos en esos vecindarios, cuando no se transformaban de pronto en avanzadas de un malón.-

Se llegó a un acuerdo, mediante el tratado de paz con el cacique Lorenzo Calpisqui en el año 179O. Los indios aceptaban las expediciones anuales en busca de sal que realizaban a las Salinas Grandes los españoles, y estos reconocían que la frontera estaba constituida por el rio Salado.-

En 1796 Azara visita las líneas de defensa y lo acompaña el criollo Pinazo, que ya tiene merecido renombre como uno de los expedicionarios más capaces y conocedores de la frontera. En este año falleció el cacique Lorenzo Calpisqui.-

Durante las invasiones inglesas los caciques Epugner, Turuñancu y Errepuente, ofrecieron sus servicios al gobierno de Buenos Aires para combatir al invasor. Además, el cacique Errepuente colaboró, junto con las caciques Victoriano y Quintelén, en la pacificación de las fronteras. Estos caciques

habían sido amigos de Calpisqui, y entre ellos había lazos de parentesco; pero no eran los únicos y la situación se complicaba porque ingresaban continuamente fuertes contingentes desde Chile, donde la guerra pehuenche tocaba a su fin, trayendo consigo las mismas rivalidades que los haban dividido durante medio siglo.-

Cada vez que los españoles debían expedicionar hacia las Salinas Grandes, tomaban contacto con los caciques más poderosos en el interior de las pampas, ya totalmente araucanizadas. En el año 1783 se había exportado un millón de cueros y era de interés vital llegar a las Salinas, en el corazón de las pampas. Los indios lo sabían, y uno de los caciques exigió que se aceptaran sus condiciones. "Y si no -dijo- en Salinas nos veremos las caras". Otro amenazó: "Vengan nomás, que yo les voy a dar sal".-

Además, a la muerte de Calpisqui, un nuevo interlocutor hace su entrada en el escenario de las pampas. Es Carripilún, cacique ranquel, enemigo declarado de los españoles, que vivía en el Mamul-Mapú o País de los Arboles. El virrey Liniers firmó con este cacique en 18O6 un tratado, en el que se reconoce a los indígenas el derecho de entrar a Buenos Aires trayendo pieles y sal de las Salinas Grandes, a cambio, por supuesto, de no malonear. Para Carripilún era muy correcto que le reconocieran los cristianos ese derecho accesorio, puesto que en las pampas él tenía derecho a todo. En su arrogancia, se titulaba "Señor, Virrey y Rey de todas las Pampas".-

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Notas

Capítulo I

(1) "El Mapa de las Pampas", por Ramiro Martinez Sierra, Buenos Aires, 1975; tomo I pgs. 54/60, 89 y 96.

-"La Pampa", "Grafías y Etimologías Toponimicas Aborígenes" por Alberto Vuletin, Buenos Aires, 1972, pg. 111.

-"La Conquista del Desierto", por Juan Carlos Walther, Buenos Aires, 1973; pg. 28, nota 4.

(2) Conf. "Caciques Puelches Pampas y Serranos", por P. Meinrado Hux, ed. Marymar, Buenos Aires, 1993, pags. 5/9.-

(3) "Oratorio a la Virgen de Luján", por Osvaldo Guglielmino, ed.

Corregidor, Buenos Aires, 1991.-

-"Un Conquistador, Una Dama, Una Estancia y un Decreto", por Felisa Carmen Echevarría de Lobato Mulle, Luján, 1973; pgs, 33, 53 y sig.

-"Rastrilladas, Huellas y Caminos", por Enrique M. Barba, Buenos Aires, 1956; pgs. 15 y21.

-Juan Carlos Walther, op. cit., pg. 34.

-"Historia de la Provincia de Buenos Aires y Formación de sus Pueblos", por Ricardo Levene, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1941; tomo II.

(4) "Tradiciones Argentinas", por Pastor S. Obligado, Buenos Aires, 1955, pgs.143 y sig.;

-"El Fuerte 25 de Mayo en Cruz de Guerra", por Carlos A. Grau, La Plata, 1949; pgs. 9 y 13 /14.

- Martinez Sierra, ob. Cit.; tomo I, pg. 126.

-"Historia de las Aguadas y el Molino", por Noel H. Sbarra, La Plata,1961, pg. 83.

(5) P. Meinrado Hux, op. cit., pags.53/62.-

(6) José J. Biedma, pags. 136, 144, 189, 191 y nota 2, 192/93 y nota 3.-

-Juan Carlos Walther, op. cit., pags. 138/144.-

(7) "San Carlos de Bolivar", por Alvaro M. Martinez, Buenos Aires, 1967, pgs. 35/36.

-Carlos A. Grau, op. cit., pg. 3, nota 8.-

(8) P. Meinrado Hux, op. cit., pags. 36/37.

(9) "Caciques y Capitanejos en la Historia Argentina", por Guillermo Alfredo Terrera, ed. Plus Ultra, Buenos Aires, 1974, pag. pag. 2O2.-

-"Caciques Huilliches y Salineros", por P. Meinrado Hux, pags.11/14.-

(1O) "San Carlos de Bolivar", por Alvaro M. Martnez, Buenos Aires, 1967, pgs. 40/41.

-Martinez Sierra, R., op. cit., tomo I, pg. 237 y 283/87.-

-Carlos A. Grau, op. cit., pg. 3.

-"La Estupenda Conquista", por Evaristo Ramirez Juárez, Buenos Aires, 1946.

_-Alvaro M. Martinez, op. cit., pgs. 40/41, sobre Zizur cita a De Angelis.

Ese viaje de Zizur lo mencionan también Juan Carlos Walther (op. cit., pg. 26).

-Ramiro Martinez Sierra, op. cit.; tomo I, pgs. 224/226.

_Este viaje al fuerte de Carmen de Patagones, también tenia por objeto "canjear indios por cautivas", J. C. Walther, op, cit, pg. 32).

-"Antecedentes Históricos sobre la Campaña contra los Indios", Buenos Aires, 1975; pg, 268, nota 4.

(11) P. Meinrado Hux, op. precit., pags. 43/48.-

-Guillermo Alfredo Terrera, op. cit. pag. 129.-

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